
El personal de la biblioteca de Plasencia difundió estupendamente la sesión y llegado el momento vinieron cerca de 100 personas. Los cuentos kamishibai fueron pensados para audiencias más pequeñas en las que el cuentero establecía - ¡como lo hace el clown!- una relación muy directa con el público. El cuentero reacciona ante lo que el público le demanda con su mirada, con su risa, con su atención; va trazando un recorrido sobre el que construir la narración. Cuando estuve en Coria semanas atrás y conté delante de algo más de 100 personas el espacio ayudó efectivamente a que todo saliera bien, a que se estableciera ese vínculo con el público. En el caso de Plasencia fue algo más difícil pero al menos Taro pudo pasearse por su bosque de castaños. De todo se aprende.
¡Gracias de corazón al personal de la biblio!
