

Y en Villaverde la sala se llenó casi al completo. Taro contó sus historias y el espacio facilitó que todo fuera algo más mágico. Muchas veces, cuando llegamos a un espacio nuevo de trabajo, nos encontramos con algunas sorpresas. En el caso de Villaverde la sala, amplia y penumbrable, ayudó a que todo saliera bien.
Los cuentos kamishibai están destinados efectivamente a un público a partir de 4 años. Los prelectores suelen estar con nosotros durante la primera historia; las imágenes del kamishibai, los sonidos, los ambientes que creamos en las funciones les atrapan durante un rato pero después, ¡son tan chiquititos!, pierden la atención.
A mi me gusta contar con un registro doble: uno destinado a los niños más pequeños y otro al público adulto. La historia se desenvuelve así como con dos capas. Los cuentos tienen casi siempre dos lecturas...
¡Gracias a todo el personal de la biblio!
